








|
Tema Central - mayo/jun 2005
continuación: Producción de semillas en América del Sur
Organización de la producción
Prácticamente todos los países de la región tienen Ley de Protección de Cultivares (LPC) basada en la Convención de la UPOV de 1978, en la cual la protección va hasta la semilla; y si el agricultor desea guardar su propia semilla de un cultivar protegido para la cosecha siguiente, podrá hacerlo sin pagar nada al obtentor, independientemente de su área de cultivo. Merece un comentario la ley boliviana, que contempla un área máxima (que en el caso de la soja son 100 ha.) en que el agricultor podrá guardar sus semillas de un cultivar protegido y no pagar royalties al obtentor. Hay un movimiento en la región para que se adopte la Convención de la UPOV de 1991, en que la protección va hasta el grano; o sea que, si el agricultor desea guardar su propia semilla de un cultivar protegido podrá hacerlo, pero los royalties del obtentor deberán pagarse. Hay una excepción para pequeñas áreas de cultivo, que en general llegan hasta 100 ha.
Para la comercialización interna de las semillas hay padrones mínimos de calidad, por los cuales las semillas son evaluadas en laboratorios específicos. Cada país posee un laboratorio oficial del gobierno, en el cual los análisis de las semillas provenientes de importación, exportación y del servicio de certificación son realizados. También existen laboratorios privados que analizan las semillas certificadas, y para control interno de las empresas. En este sentido, sobresalen Brasil y Argentina, siendo que en el primero hay más de 200 laboratorios, y en el segundo más de 100. Se puede considerar que todos los laboratorios utilizan la metodología ISTA para evaluación de la calidad, mientras que son pocos los países de la región que poseen laboratorios de semillas credenciados por la ISTA para emitir el certificado naranja solamente Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay). Por otro lado, Brasil y Colombia poseen laboratorios miembros de la ISTA y están en proceso de credenciamiento para emitir certificados de calidad de las semillas.
Todavía sobre evaluación de la calidad, se comenta que varios países de la región poseen laboratorios y personal capacitado para evaluación de la calidad sanitaria de las semillas; inclusive en Brasil existe una asociación llamada Abrates, que posee desde la década de los 80 un comité sobre patología de semillas. Otro aspecto que envuelve al laboratorio es el análisis de presencia de semillas adventicias de OGM en lotes de semillas convencionales, en lo cual los países de la región también desarrollaron capacitación para tal fin. El análisis molecular de las semillas puede ser considerado de rutina en muchos países de la región.
En términos de entidades de clase, los países poseen asociaciones de productores y comerciantes de semillas; algunos con una asociación, otros con dos. En Uruguay y Argentina hay dos asociaciones, la de los productores y la de los comerciantes; mientras que en el Brasil existe una organización llamada Abrasem, que engloba cuatro segmentos, o sea: productores (Abrasem), comerciantes (Abcsem), investigadores (Abrates) y obtentores (Braspov). La región también posee una asociación regional llamada Felas (Federación Latinoamericana de Asociaciones de Semillas) que actúa desde 1987. Dicha organización tomó impulso recientemente, al desenvolver actividades para armonizar los padrones de calidad entre los países de la región. La meta es tener un sistema de certificación y, tal vez, de protección de plantas a nivel regional, a ejemplo de lo que ocurre en otras regiones o bloques comerciales.
Importación y exportación
Los países de la región tradicionalmente exportan poca semilla, pese a poseer materiales de alta calidad y germoplasma adaptado para muchas regiones. En tanto, en los últimos años ha crecido la exportación de semillas, principalmente de forrajeras y hortalizas; en que Chile, Argentina y Uruguay juntos han exportado un volumen superior a los 200 millones de dólares. Otros países que están comenzando son Bolivia (con hortalizas, papa, maíz y forrajeras) y Brasil (principalmente con semillas de forrajeras para regiones tropicales). Los países están comenzando a asociarse a la International Seed Federation (ISF) para entender mejor el mercado internacional. Este año, con el Congreso de la ISF en Chile, seguramente la región tendrá un impulso en su comercio exterior de semillas.

En términos de importación, los países traen "de afuera" principalmente semillas de hortalizas y flores, segmento en que sólo Brasil importa más de 50 millones de dólares por año. Sin emborgo, esta cantidad está disminuyendo con el avance de la ciencia y con el desenvolvimiento de tecnologías locales para substituir las importaciones. Tenemos como ejemplo la papa: Brasil importaba más de 100 millones de dólares por año, y actualmente este valor no llega a 5 millones, ya que la biotecnología permitió limpiar las semillas en laboratorio por medio de cultivos de meristemas.
Investigación
Las leyes de protección de cultivares propiciaron que muchas empresas privadas desarrollaran nuevas variedades, mientras que antes esa actividad era realizada casi exclusivamente por el gobierno. En cultivos como soja, por ejemplo, actualmente más de la mitad de los cultivares en uso son provenientes del sector privado, lo que significa que existe retorno económico en esta actividad. Es importante registrar también que, luego de las LPC's (independientemente del país) el número de cultivares disponibles para los agricultores aumentó considerablemente, evidenciando que la competencia le hace bien al negocio.

En términos de apoyo a la investigación, la región está contemplada con dos centros internacionales de agricultura: el CIP (localizado en Perú, con énfasis en la papa) y el CIAT (con énfasis en poroto, pastos tropicales, arroz y mandioca). Está también el CIMMYT (localizado en México), con énfasis en maíz y trigo. Estos centros aportaron mucho para la agricultura de la región, principalmente en términos de germoplasma. América del Sur es centro de origen de cultivos como la papa, poroto, maíz, tomate, pimienta, maní, entre otros.
Materiales biotecnológicos
Varios países de la región ya cultivan materiales biotecnológicos, como la soja RR y el maíz y algodón Bt. En ese contexto se destacan la Argentina (con más de 13 millones de hectáreas cultivadas con soja RR) y el Brasil (con más de 5 millones). Paraguay, con soja RR; Uruguay, con soja RR y maíz Bt; Colombia, con algodón Bt; y Bolivia, en los pasos iniciales de adopción de la tecnología, son los otros países de la región que adoptan comercialmente materiales biotecnológicos. Y debe destacance que Brasil recientemente aprobó una ley que facilita la producción y comercialización de maíz y algodón Bt.
Co-autor: Dr. Silmar Teichert Peske - Prof. Ph.D. UFPel
|
|
............
|