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Tema Central - mayo/jun 2006
continuación: El Cultivo de Maíz para Altos Rendimientos
Los factores básicos de productividad son la utilización máxima de radiación solar, combinada con temperatura y disponibilidad hídrica adecuadas. Para eso, es necesaria la adopción de altas densidades de plantas para obtener área foliar adecuada para captar rápidamente la radiación incidente y mantenerla por un largo periodo de tiempo luego de la formación de la espiga. La radiación solar es un factor fundamental para la fijación de CO2 por la fotosíntesis y para la producción de masa seca que, de forma eficiente, es convertida en granos. Las altas densidades de plantas solamente son indicadas en caso de que los híbridos sean tolerantes a una mayor densidad de plantas, de forma que consiga maximizar la producción de espigas y, consecuentemente, de granos. Estos aspectos morfo-fisiológicos de la planta fueron las características mas modificadas en las últimas generaciones de híbridos. En general, ya venían siendo modificadas a lo largo del tiempo, lo que permitió el aumento en la densidad de plantas. No obstante, además de una mayor tolerancia a la competición entre plantas, se observo que hubo también la incorporación de una buena capacidad productiva en situaciones en las que el cultivo es sometida a otros tipos de estrés, como de agua y nutrientes.
Cabe analizar el concepto, ampliamente utilizado, de utilizar cultivares de poblaciones abiertas o híbridos de bajo potencial de rendimiento de granos, con la justificativa de que se tratan de materiales "rústicos", con alta tolerancia a estrés ambiental. La utilización de híbridos simples modernos, de alto potencial, en estas situaciones, muestra que ellos son también más adaptados y más tolerantes a estrés que las antiguas poblaciones. El mayor costo de las semillas de estos híbridos puede, en la mayoría de los casos, ser compensado por el incremento obtenido en la productividad de granos.
Tab. 1 - Principales innovaciones tecnológicas asociadas a los cultivos de alta productividad, por décadas, em Brasil

Principales modificaciones en la nutrición de las plantas
Elevados rendimientos de granos solamente son obtenidos cuando el suelo fuera capaz de suplir las necesidades nutricionales de las plantas y almacenar suficiente agua para que los periodos sin precipitaciones no sean perjudiciales al cultivo.
Considerando que la mayoría de los nutrientes es absorbida entre la emergencia y el espigamiento, la liberación por el suelo debe ser rápida y en grandes cantidades. Estas cantidades raramente son suplidas por los suelos, caso que no haya sido realizada fertilización. Los suelos de las principales áreas productoras de maíz son, en general, deficientes en fósforo y con materia orgánica insuficiente para suplir las necesidades de nitrógeno del cultivo.
Las recomendaciones de dosis de fertilización han aumentado en los últimos años, en razón del aumento de productividad de granos. Para alcanzar los altos rendimientos, es necesario que los nutrientes sean colocados a disposición de la planta desde el momento de la siembra. El sistema de siembra directa modifico la recomendación de fertilización, pues considera no solamente los rendimientos esperados, sino también la contribución del cultivo anterior, especialmente en la dosis de nitrógeno.
La gran modificación en la fertilización esta en la interacción entre dosis de nutrientes recomendadas y la especie y el rendimiento de masa seca del cultivo que antecede al maíz. Esta interacción es esencial para promover altos rendimientos. La potencialización del rendimiento de granos de maíz solo es obtenida cuando se cultiva en sucesión a una especie que no sea gramínea. Este efecto interactivo no es bien conocido y no puede ser explicado apenas por el aporte de nutrientes que la especie antecesora ofrece.
Tab. 2 - Rendimientos máximos de granos obtenidos em experimentos sobre condiciones de alto nível de manejo (irrigación suplementar, elevada fertilización y densidad de plantas)

Principales modificaciones en la época de siembra
Los productores eligen las épocas de siembra con base en los riesgos de deficiencia hídrica en los periodos críticos, de temperaturas bajas y de heladas y en el sistema de rotación de cultivos. Con eso, se observa que en las regiones mas calientes, las siembras pueden ser realizadas en hasta 7 meses al año, desde julio hasta enero. En las regiones más frías, es posible sembrar de octubre hasta diciembre.
La amplia faja de siembra es adoptada, generalmente, cuando los rendimientos no son elevados. A medida que se desea mejorar la productividad de granos, se debe considerar con mayor prioridad los factores temperatura del aire y la radiación solar, que deben ser elevados durante el pre-florecimiento hasta el estado de granos lechosos. Por eso, la mejor época de siembra para maíz para el estado de Rio Grande do Sul, por ejemplo, es la del mes de octubre, para que el florecimiento ocurra en diciembre y el llenado de los granos en enero y febrero. Esta recomendación debe ser adoptada en regiones con bajo riesgo de deficiencia hídrica en diciembre, enero y febrero, o sobre condiciones de irrigación suplementar.
Cuando el riesgo de falta de agua en el verano es alto, o dependiendo de la secuencia de cultivos adoptados, el productor siembra en el inicio de la estación o a final del periodo posible (safrinha - cultivo de inter-estación). En un caso o en otro, en ambas épocas, el cultivo no se beneficia de toda la radiación solar y los rendimientos son potencialmente más bajos.
Los efectos de la falta de agua son muy drásticos para el maíz, resultando en serias restricciones al rendimiento de granos. Los periodos de deficiencia hídrica son ocasionales y no muy definidos a lo largo del año. Esto complica la tomada de decisiones a la hora de elegir la época de siembra. Se observa que hay una concentración de siembra en épocas bien definidas para cada una de las regiones de producción. La decisión es generalmente tomada en razón de los riesgos de deficiencia hídrica durante el ciclo del cultivo. Las siembras de inicio de estación (en general, agosto) son menos sujetas a la falta de agua.
El prejuicio decurrente de la menor radiación solar es parcialmente compensado por la alta insolación verificada en diciembre/enero, en el final del ciclo, que beneficia el llenado de los granos. Las siembras de inter-estación (diciembre/enero) presentan menor potencial, pues el florecimiento ocurre a inicios de marzo/abril. Además, las plantas están mas sujetas al ataque de molestias.
Rendimientos de granos arriba de 10 t/ha, actualmente, ya están siendo alcanzados en siembras de agosto/septiembre. Esto demuestra que el potencial de los híbridos podrá ser inclusive mayor si la siembra fuera realizada en el mes de octubre, donde no haya riesgos por falta de agua.
Principales modificaciones en la disposición espacial de las plantas
Los mejores rendimientos son alcanzados cuando se consigue un perfecto ajuste del número de plantas por unidad de área. El número ideal de plantas por área es determinado de acuerdo con el cultivar, la forma de utilización del maíz, el nivel de fertilidad del suelo y de fertilización prevista y el riesgo de falta de agua durante el ciclo.
En las mejores condiciones de ambiente, los actuales híbridos son recomendados con densidades de hasta 70.000 a 75.000 plantas/ha, para alcanzar rendimientos de entre 12 y 13 toneladas por hectárea. La recomendación de densidad debe ser reducida en ambientes menos favorables, como suelos de baja fertilidad o deficiencia hídrica.
La densidad de plantas fue aumentando gradualmente en los últimos 50 años, gracias a la entrada en el mercado de híbridos tolerantes al estrés impuesto por la mayor competencia entre plantas.
La planta de maíz presenta una característica peculiar cuanto a la reacción al aumento de la densidad de plantas. La capacidad de emitir espigas y la salida de los estigmas depende, en gran forma, de la tolerancia que cada cultivar tiene contra este tipo de estrés. Las antiguas poblaciones criollas y los primeros híbridos lanzados a mercado eran desprovistos de esta capacidad y las densidades máximas recomendadas raramente ultrapasaban 50.000 plantas por hectárea. La discontinuidad en el enfoque de la busca por materiales con estas características solamente fue interrumpida a mediados de la década de 1990, cuando surgieron algunos híbridos simples tolerantes a altas densidades de plantas. La respuesta del maíz a altas densidades varia, además de los híbridos y de las condiciones hídricas y nutricionales de los suelos, con el distanciamiento entre líneas.
Además de la densidad de plantas, la distancia entre líneas es otra forma de manipular la distribución de las plantas en el cultivo de maíz.
La distancia entre líneas fue disminuyendo a lo largo del tiempo, pasando de 1,0m para 0,50m. Las distancias mayores, que eran utilizadas para facilitar el sistema de consorcio con animales y el control de plantas dañinas, fueron mantenidas al inicio del periodo de la mecanización para facilitar la limpieza del cultivo. El uso de la siembra directa elimino la necesidad de limpieza mecanizada por el uso de herbicidas selectivos, y la distancia entre líneas pudo ser disminuida.
 Espacio entre líneas de 0,45m
La menor distancia entre líneas permite una distribución de plantas más equidistante. La ventaja de esta situación es la rápida cobertura del suelo, con mejor aprovechamiento de la radiación solar y menor pérdida de agua. Ella solamente puede ser obtenida en situaciones de alto rendimiento de granos, en que el uso de radiación solar es el factor limitante para el rendimiento. Otro beneficio de la utilización de distancias entre líneas más reducidas es el control más eficiente de plantas dañinas, debido a que el sombreamiento del suelo es más rápido. Generalmente, cuando los campos tienen restricciones más graves, que causan menores rendimientos de granos, no hay beneficios del uso de una menor distancia entre líneas. Normalmente, los beneficios de un espaciamiento entre líneas menores sobre el rendimiento de granos es pequeño, variando de cero hasta 10%.
Porque la necesidad de obtención de elevados rendimientos?
La mayor economicidad del cultivo de maíz, generalmente, es obtenida con manejo que resulta en altos rendimientos de granos. La adopción de este concepto ha pautado la discusión sobre la real necesidad de alcanzar altas productividades con mayor retorno por hectárea. Los dos puntos esenciales en este debate son: la probabilidad de riesgos climáticos y la capacidad de inversiones por parte del productor.
Los riesgos climáticos se refieren, principalmente, a los frecuentes periodos de seca en momentos no predecibles. En este sentido, una línea de pensamiento propone que, en regiones más susceptibles a riesgos, los campos deben tener una inversión en insumos y utilizar híbridos de menor potencial. En este caso, habiendo una deficiencia hídrica, los prejuicios económicos serán menores. No obstante, con esta estrategia, los rendimientos esperados no serán altos si las condiciones climáticas fueran favorables durante la estación de crecimiento. A largo plazo, la lucratividad será pequeña, pues, mas allá de que los prejuicios en los años secos sean menores, las ganancias en lo años favorables serán grandes.
 Espigas con más de 500 semillas indican alta productividad
Otra línea de pensamiento, en que el productor tiene la capacidad de invertir en insumos, propone inversiones visando altos rendimientos, inclusive enfrentando riesgos de una eventual falta de agua, pero apostando en ganancias mayores y compensadoras en años favorables. La investigación ha demostrado que cultivares que reciben manejo para potencializar el rendimiento de granos son mas tolerantes al estrés hídrico que aquellas que recibieron menores inversiones. Las plantas tienen mayor crecimiento, lo que permite tolerar periodos de estrés con más suceso. El éxito de los productores deviene de la constatación de que existe rentabilidad en el maíz, cuando la productividad es alta, pues los márgenes de lucro solamente se viabilizan en esta situación.
Los costos diferenciales entre un campo de media y de alta productividad están en el costo de la semilla y de otros insumos, como fertilizantes y productos químicos. Los incrementos de rendimiento de granos han sido para cubrir el aumento de los costos y viabilizar la implantación de los campos.
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